Una nube verde se apoderó del bajío mexicano. Durante poco más de una semana, cultivadores de marihuana, extractores, activistas, empresarios, abogados y doctores se reunieron en la zona centro del país para ocho días de intensa actividad cannábica. Aunque algunos llegaron de la capital del país, el llamado de la Copa Cannábica México se escuchó hasta Guadalajara, Monterrey, Los Ángeles, Colombia, Argentina, Brasil y Uruguay. La tormenta perfecta se formaba en San Miguel de Allende, y las nubes eran bocanadas de mota.

Todo empezó el lunes 21 de octubre, cuando una camioneta para quince personas salió de la Ciudad de México rumbo a Morelia, Michoacán, para presentar una serie de charlas informativas sobre el consumo y la regulación de cannabis. Entre porro y porro, un puñado de cultivadores y activistas se preparaba para inaugurar la Semana Cultural Cannábica en planteles universitarios y centros culturales. El plan era simple pero intenso: pasar una semana visitando distintos lugares del Bajío para hablar sobre yerba y probar la mejor marihuana del país. Al final, las mejores flores y extractos serían premiados en un festival de dos días llevado a cabo en un rancho surrealista a las afueras de San Miguel de Allende, Guanajuato.

De día se visitan escuelas y de noche se fuma hasta el agotamiento: Bienvenido a la Copa Cannábica México 2019.

La camioneta llegó a la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo. Con humo de cannabis saliendo todavía por las ventanas, se detuvo a un costado del auditorio para que los activistas descendieran y tomaran el estrado. El estado actual de la regulación en México, la importancia de distinguir y preservar genéticas, y la experiencia uruguaya con la regulación: la parte informativa de la semana cultural cannábica comenzó con la participación de Gastón Durana, Rosina Yemini, y Heidi Saicén, quienes compartieron con alumnos y maestros presentes diferentes áreas de conocimientos relacionadas con la regulación y desarrollo de una industria cannábica. 

Al terminar la intervención, como Rally deportivo, los cannatletas subieron a la camioneta para emprender rumbo a San Miguel de Allende, Guanajuato. La camioneta arrancó y abandonó esta universidad michoacana con rumbo al Bajío, donde continuarían las actividades de la semana cultural cannábica. Una vez ahí, esta ciudad sirvió como base para que activistas, cultivadores, extractores y demás expertos se reunieran por varios días para convivir, compartir, y generar conocimientos conjuntos alrededor del cannabis.

Estos viajes express de estado en estado, en ocasiones más apretados que otras, se convertirían en una parte fundamental y un venue más de la semana cultural cannábica. Durante cuatro días, diferentes activistas viajarían desde la sede hacia diferentes estados para continuar con las actividades diurnas de la semana cultural cannábica. Para el final de la semana esta camioneta habría visitado CDMX, Michoacán, Guanajuato, Hidalgo, llevando activistas como Steve DeAngelo, Gastón Durana, Rosina Yemini, Nico Malazartes, Polita Pepper, The Dank Dutchess, Luis Gómez, Ronald Enriquez, y Fernando Henao.

Pero de noche el giro cambiaba. Todas esas charlas teóricas sobre calidad, salud y reducción de daños eran puestas a prueba en uno de los desafíos más importantes para cualquier cultivador de marihuana: las catas cannábicas para decidir la mejor yerba de esta edición de la Copa Cannábica. 

Armados con décadas de experiencia, microscopios digitales, papeles y encendedor, cada noche un jurado internacional conformado por los activistas que de día viajaban a dar charlas informativas se reunía en diferentes locaciones secretas alrededor del Bajío. Una vez ahí, con un grupo selecto de invitados (tanto participantes como organizadores y algunas personas que compraron boleto para asistir a las catas), recibían las muestras para comprobar su calidad. Una por una, las muestras fueron analizadas por el jurado, quienes explicaban a los asistentes las cualidades positivas y negativas de cada ejemplar, como su consistencia, resina, olor, y posibles contaminantes. De martes a viernes, tanto los jueces como los asistentes probaron y calificaron todas las muestras recibidas para la Copa: Flores de exterior e interior, extractos con solvente y sin solvente, destilados y comestibles. 

Tras una semana de actividades informativas y cuatro noches catando las muestras, la premiación de la Copa Cannábica se llevaría a cabo en un rancho con arquitectura surrealista a las afueras de San Miguel de Allende, durante un festival cannábico de dos días que incluyó la participación de proyectos y colectivos cannábicos, venta de parafernalia, extractos y flores de marihuana, talleres de elaboración de hachís análisis de cannabinoides, un escenario musical con talentos nacionales e internacionales y un espectáculo de lucha libre profesional.


Se llama Rancho Cascabelito, pero lo apodan Timmyland en honor al hombre que lo construyó. Se trata de un enorme rancho con sembradíos de cactáceas, incrustado con construcciones orgánicas que asemejan aquellas hechas por Gaudí, si este hubiese visitado los ranchos de agave mexicanos. El resultado es una serie de construcciones orgánicas con diferentes funciones, algunas que funcionan como casa, baño, terraza, patio, escaleras, y una edificio central con formas curvas y colores pastel que funciona como escenario en los diferentes eventos que arman es esta locación. Por dos días, alrededor de 500 personas recorrieron las paredes derretidas, los pasillos ondulantes y las casas que parecían globos inflados fotografiando toda clase de criaturas incrustadas en las diferentes fachadas: víboras, ángeles, ouroboros, ojos y caracoles. Si los lugares con buena acústica son ideales para conciertos, un lugar enorme donde las paredes cuentan historias sería el equivalente perfecto para una Copa Cannábica. 

Cultivadores jaliscienses convivían con extractores estadunidenses mientras un cultivador de Matamoros le regalaba un cogollo bañado en oro a uno de los organizadores de la copa. La vibra del evento fue amigable, con tonos de excentricidad que saltaban de rato en rato. Algunos caminaban entre los puestos mientras otros comían sentados en el piso y unos más fumaban un porro frente al escenario. El fin de semana transcurría entre humo y el momento de la premiación se acercaba. Para las 8 de la noche del domingo 27 de octubre, toda la atención, así como los asistentes, estaban concentrados en el escenario principal.

Uno a uno los jueces tomaron el escenario. Cada uno habló sobre lo que vivió y aprendió durante una semana viajando por el Bajío mexicano probando las mejores marihuanas del país. Al concluir las introducciones se entregaron los premios, para que los ganadores pasaran a conocer y saludar a este gremio de expertos que por unos días vino a México a compartir su experiencia. Estos fueron los ganadores:

—Primer lugar de flor exterior – Amnesia Lemon Skunk, por los cultivadores Chuy y Special Farms.
—Primer lugar de flor interior – Chernobyl, por Hydrocultivos.
—Primer lugar extracto sin solvente – Live Rosin Faceoff OG, por Mr. Doe.
—Primer lugar extracto con solvente – Live Resin Faceoff OG, por Mr. Doe.
—Primer lugar comestibles – Darth Vader Cookies, por Teddybear.
—Primer lugar – Golden Pineapple, por Waxelicious.

Al terminar la premiación todos se veían notoriamente cansado, quizá por la semana de viajes o tal vez por las enormes cantidades de marihuana fumadas. Pero en cada rostro se veía una sonrisa. Fue una semana pesada pero productiva. No es fácil llenar de humo verde el Bajío, pero se logró. La camioneta estaba lista para volver a la Ciudad de México y comenzar a planear el siguiente recorrido cannábico.

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Escribe tu nombre