Las advertencias que un organismo internacional efectúa al respecto  

El del consumo de marihuana es y será mucho tiempo un tema candente, dadas las múltiples facetas desde las que el tema puede ser abordado.

A ello debe agregarse en estos últimos periodos, otro potencializa la cuestión, cual es la utilización en el ámbito de la medicina de sus derivados, como medicamentos.

De allí que resulta de un interés mayúsculo conocer diversos aspectos del informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes –en adelante mencionada como JIFE- correspondiente al año que pasó.

Somos conscientes de que se mantendrán las discrepancias a que existen y existirán, que parten de posturas tomadas férreamente, pero no siempre bien informadas, al respecto.

Pero de cualquier manera aunque el debate siga abierto, nunca se debería dejar de tener en cuenta, y mucho menos echar en saco roto, una posición autorizada, como es la que surge de dicho informe.

Ese informe de la JIFE está centrado en gran parte, en el análisis acerca de la legalización recreativa del consumo del cannabis en varios estados de Estados Unidos y en Canadá y Uruguay, y concluye que una regulación insuficiente de su uso con fines médicos, ha permitido que la droga se utilice para otros fines.Concretamente ese organismo acusa a esos estados y naciones de poner en peligro los tratados antidroga por legalizar el consumo de marihuana, al indicar que utilizar el cannabis sin fines médicos, compromete los acuerdos globales sobre drogas peligrosas. 

Es por eso que recalca la afirmación que la legalización del cannabis con fines medicinales hace que las personas consideren menos los riesgos de consumirlo, y aumenta la posibilidad de que caiga en las manos de menores.

“Esta información la hemos preparado con todo el respaldo de la academia y de algunos informes de la Organización Mundial de la Salud. Así que creo que es un informe pionero porque en la JIFE por primera vez le estamos “poniendo el cascabel al gato” y estamos abriendo o cerrando y zanjando, si se quiere, un debate de punto de vista jurídico sobre lo que se puede y lo que no se puede hacer”, apuntó uno de los redactores. 

Es por eso que el informe recuerda que a este respecto, la primera condición es que exista un organismo nacional que controle la producción y el suministro. En segundo lugar, las convenciones establecen que sea el Estado el que expida las licencias de producción. Estamos hablando del cannabis medicinal y de fines científicos. El Estado tiene que tomar posesión de la materia, es decir de toda la producción. El Estado tendrá que tener derecho exclusivo del comercio al por mayor, es decir, que tiene que establecer una suerte de monopolio de compra para evitar la desviación y, finalmente, los Estados tienen que presentar a la JIFE sus informes y las previsiones de cantidades y el número de pacientes que deben ser atendidos por el uso medicinal del cannabis”.

Esa es la respuesta de la JIFE, ante el hecho que el consumo de cannabis ha aumentado entre los adultos mayores de 21 años en los Estados que han aprobado leyes que permiten su uso con fines médicos, y existen tasas más altas de consumo diario y de uso indebido y dependencia. Además, el número de hombres adultos que solicitan tratamiento por trastornos relacionados con el consumo de cannabis ha aumentado más en estos países. 

El informe recomienda a los gobiernos que adopten medidas para impedir el cultivo no autorizado de plantas de cannabis y que incauten los cultivos ilícitos y los destruyan. También recomienda que todos los programas de consumo de cannabis con fines médicos se elaboren y apliquen bajo la plena autoridad del Estado, que debe velar porque sea recetado por profesionales médicos competentes de conformidad con la buena práctica médica y sobre la base de pruebas científicas sólidas. 

Según la JIFE, en diversas regiones del mundo se usa una gran variedad de preparados que contienen cannabinoides a fin de ofrecer diferentes formas farmacéuticas y concentraciones de ingredientes activos y psicoactivos con diversas vías de administración. Se usan con la convicción de que aliviarán una amplia variedad de síntomas, a menudo sin pruebas fidedignas de que sean seguros o eficaces. 

De donde la conclusión machacona es que del uso médico de la marihuana, permite y da una falsa tranquilidad para su consumo recreativo, y sobre todo por parte de menores.

A este último respecto se recuerda, remarcándolo con énfasis, que “la intoxicación, los trastornos de conciencia, los trastornos de percepción, los ataques de pánico, las alucinaciones, la reducción de la capacidad para conducir y el aumento del riesgo de lesiones por accidentes de tránsito se han multiplicado por dos, por ejemplo, en el estado de California, en Estados Unidos.

Entonces hay efectos adversos a corto plazo, y hay efectos psicosociales a largo plazo del consumo habitual de cannabis”. Otros riesgos fisiológicos a más largo plazo del consumo habitual del cannabis pueden incluir bronquitis crónica e infartos al miocardio. El informe destaca además que el consumo de cannabis que se inicia durante la adolescencia puede dañar el desarrollo cerebral en un momento de gran vulnerabilidad.

Según la Junta, entre los efectos psicosociales a largo plazo del consumo habitual del cannabis, se encuentra, entre otras cosas, la dependencia. El riesgo es de 1 de cada 10 entre los que lo han consumido alguna vez, 1 de cada 6 en consumidores adolescentes y 1 de cada 3 en consumidores diarios, con resultados más graves y persistentes entre los adolescentes que entre los adultos. 

También existe una relación entre el consumo de esa sustancia y el riesgo de padecer síntomas psicóticos o esquizofrenia, un mayor riesgo de abandono escolar temprano, trastornos cognitivos, uso ilícito de otras drogas, síntomas depresivos y pensamientos y comportamiento suicidas (cuando el cannabis se consume a diario en la adolescencia y la adultez temprana).

La conclusión de lo hasta aquí resumido no podía ser más clara. Queda en claro el peligro que el consumo recreativo de marihuana, se transforme en adicción, con el estado de dependencia que ello conlleva; peligro que se hace doble en el caso de los menores. A lo que se agrega que en materia de empleo de derivados del cannabis con fines médicos, el peligro no está aquí solo en la “automedicación”, sino de lo que se trata es dejar completamente en claro tanto que tipos de enfermedades pueden ser tratadas con propósitos curativos o paliativos con ella, sino conocer la manera más adecuada en su caso de utilizarla.

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