“So you wanna be a rock superstar?”

Con el clásico dosmilero de Cypress Hill como fondo, seis valientes caballeros ocupan una mesa de plástico debajo de un candelabro barroco. A su alrededor, casi cien personas observan mientras la batalla comienza. Parece un coliseo, pero en realidad se trata de un kiosko en medio de un pacífico estanque en donde la mayoría de los asistentes está fumando marihuana, o demasiado pachecos para moverse. El reto es armar la mayor cantidad de porros posibles en cuatro minutos con veinte segundos, y forma parte de los desafíos cannábicos que caracterizan año con año el taller de autocultivo en Lagos de Moreno.

En los últimos años, los eventos cannábicos educativos y recreativos han florecido a lo largo del país. Al margen de una regulación incompleta, cuya discusión lleva años en el congreso, la sociedad civil se ha organizado a través de estos eventos para compartir información sobre la planta, su cultivo, sus beneficios, así como los derechos de las personas usuarias. Así han surgido eventos formales como Expoweed y CannaMéxico, pero también talleres medicinales a cargo de madres cultivadoras, cenas cannábicas con experiencias gourmet y Copas Cannábicas en donde compiten los mejores productores de México.

Desde 2016, el taller de autocultivo realizado en este municipio jaliciense ha convocado a cultivadores y aficionados de diferentes estados del país para compartir conocimientos y experiencias, pero también flores, resinas, haschís, semillas, cartuchos y cualquier novedad desarrollada en el espacio entre cada edición. Organizado por Luis Gómez, un joven originario de Lagos de Moreno con más de 12 años cultivando y fundador de Lagos Growers, lo que comenzó con la inquietud de traer un taller de cultivo a su municipio natal ha evolucionado hasta convertirse en un simposio de dos días con pláticas, talleres prácticos, desafíos cannábicos, un torneo de futbol, puestos de comida, un área infantil con un castillo inflable, un brincolín, y la presencia de reconocidas marcas cannábicas nacionales e internacionales. 

Para su cuarta edición el evento contó con pláticas sobre las consideraciones jurídicas de la marihuana en México, el efecto séquito de los cannabinoides y los puntos claves de la producción de cannabis con fines medicinales, así como talleres de cultivo en interior y en exterior, cómo fabricar aceite medicinal a partir de la planta y soluciones para el cultivo orgánico. Además de Luis Gómez, quien cada año imparte el curso de cultivo en exterior, entre los ponentes participantes estaban la cultivadora y extractora Polita Pepper, el abogado Guissepe di Raimondo, Eric Andrade del Movimiento Cannábico Consciente Michoacano y Joselo, ganador de la categoría de flor interior de la Copa del Norte. 

Pero más allá de los talleres, hay algunas particularidades que distinguen lo que ocurre en Lagos de Moreno del resto de los eventos cannábicos. Entre estas se encuentran la capacidad de fumar marihuana abiertamente, el clima envidiable del oriente mexicano y la consecuente venta de cerveza para aguantar dicho calor, un área de acampar, porros infinitos a disposición de los asistentes, un huacal con plátanos para evitar la pálida, y las ya tradicionales actividades nocturnas.

Al ser un evento realizado en un pequeño municipio de Jalisco, al que asisten algunos de los pulmones más feroces del país, la fiesta es un factor inevitable. 

Terminan los talleres y comienzan los concursos. El espacio destinado a las pláticas es adaptado para convertirse en una arena de duelos. Una mesa en el centro es el campo de batalla. El equipo de Lagos Growers pone una gran bolsa de marihuana en la mesa que alcanza y sobra para llevar a cabo los tres desafíos: el porro más grande, el forjador más veloz, y el pulmón de acero. 

Veinte porros en cuatro minutos y 20 segundos. Un porro cada 13 segundos. Ese es el tipo de marcas mundiales que se logran cuando convocas a los pachecos más eruditos del país y la nueva marca del forjador más veloz. Y aunque el concurso del porro más grande no resultó igual de impactante, al terminar ambos concursos la audiencia corrió a recoger los porros armados por los participantes y volvieron a sus lugares para presenciar el desafío principal: el pulmón de acero.

Una tradición por sí mismo, el Pulmón de Acero es una prueba contra reloj en donde los participantes deben fumar un porro, darse un gran bongzazo y fumar un gramo de extracto en el mayor tiempo posible. Es duro de ver y aún más duro de lograr. Uno a uno los participantes fueron cayendo. Alguno se puso amarillo y uno más fue directo a dormir. Cuando alguien por fin logró terminar el desafío, el público aplaudió con el debido respeto… 

“¿Quién quiere participar?”, preguntaba riendo Luis Gómez. “Pasen a darse la paleta de su vida”… y entonces el concurso se convirtió en fiesta hasta que uno a uno todos cayeron fulminados por la marihuana. 

En Lagos de Moreno comienza a verse luz como desde las cinco de la mañana. Pero no fue hasta como las 9 que las personas comenzaron revivir después de la fumigación cannábica de la noche anterior. El día comenzó con un torneo de futbol y siguió con el resto de los talleres y una fumadera que solo paró cuando todos dormían.

Con los asistentes notoriamente cansados, el día transcurrió más lento que el anterior, más relajado. Mientras algunas personas ponían atención a los últimos talleres, otros compartían flores y consejos de cultivo. Los talleres que se convirtieron en fiesta se convirtieron en un gran picnic. Un picnic en donde la mitad de los alimentos contenían marihuana, pero en donde también se reúnen las personas que desafían las normas o viajan medio país convencidos del poder de una planta.

@fixzion

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