Consumía cannabis por placer. Le gustaba fumar marihuana y lo estuvo haciendo durante años por pura relajación. Hasta que un día la planta sativa adoptó para ella un plano superior: la sustancia se convirtió en su único alivio durante el postoperatorio de una intervención en la espalda muy invasiva. Gracias a los cannabinoides pudo dejar el fármaco recetado por su cirujano, un medicamento que le provocaba unas aterradoras alucinaciones, y volvió a conciliar el sueño. Os contamos hoy la historia de Sofía Jiménez, una joven para la que la marihuana forma parte de su vida en todos los sentidos, y artífice de un vino cannábico producido en España de manera orgánica que combina uvas cultivadas en Córdoba con cañamo que crece en Las Alpujarras.

Una desviación de espalda operada mediante la técnica Daytona

Sofía tenía solo cuatro años cuando su columna empezó a desviarse. La malformación fue creciendo a medida que lo hacía su cuerpo, y, aún cuando los médicos recomendaban operar, sus padres desconfiaban de las consecuencias de una intervención semejante. Así que la anomalía en la espalda siguió acentuándose hasta que Sofía cumplió 31 años. A esa edad, ella ya disponía de la información suficiente para entender los riesgos de la operación y, lo más importante, había encontrado un médico en España capaz de llevarla a cabo como ella quería: según la técnica Daytona. Se trata de un método para corregir quirúrgicamente deformidades, habitualmente producidos por Escoliosis, que en comparación con cómo se solía tratar anteriormente (Técnica Harrinton), disminuye el tiempo en el quirófano y el número de tornillos a colocar en el paciente.

“A mis 31 años tenía una desviación en la espalda de 50 grados. El dolor era agudo y solo fumar marihuana me relajaba”, nos explica. Hace un año de la operación, pero la recuerda como si fuese ayer. No tanto la intervención en sí, como cuanto vino después. Le recetaron Tramadol y algunos relajantes musculares para paliar los dolores durante el postoperatorio, pero Sofía solo empleó este fármaco durante cinco días. “Tenía alucinaciones, y una noche tuve una alucinación horrible, así que llamé a mi médico para explicarle lo ocurrido, y él me dijo que aquello era normal. Así que tiré la medicación, y solo volví a conciliar el sueño consumiendo cannabis. Además, la marihuana me calmaba mucho, la fumaba y usaba aceites. Y el Tramadol no conseguía nada parecido”, confiesa. 

Reconoce que lo peor ocurría siempre por la noche. Según dice, “con la oscuridad se agudizan mucho los dolores, mientras que con la salida del sol van calmándose”. Una cicatriz de 38 centímetros sugiere los 18 tornillos y las dos barras de titanio que han enderezado su espalda, y han cambiado su vida. Un año después de la intervención hace vida normal y considera su calidad de vida, en comparación a la de cuando aún tenía la desviación en la espalda, “una mejoría abismal”. Claro que hay otros factores para ello.

Carnival o el vino cannábico que simboliza la vida tranquila de Sofía

Unos meses después de la operación, Sofía decidió mudarse. Abandonar el ruido y el ritmo frenético de Madrid y cambiarlo por el sosiego de la costa de Granada. Ella y su chico, Raúl, se dedicaban a la distribución y comercialización de vinos, y hace cinco años que habían fundado Secret & Exclusive Wines. Desde que crearon la distribuidora, que han estado regentando en Madrid, se dieron cuenta de que había en el mercado muchos vinos con químicos añadidos, y de que la oferta estaba exclusivamente centrada en Riberas, Riojas y Ruedas.


Los dos son amantes de los productos artesanos y eran muy conscientes de que, en palabras de Sofía, “los consumidores se preocupan cada vez más por lo que comen y beben”. Por eso pensaron que comercializar caldos elaborados de manera natural, sobre todo vinos de Montilla-Moriles (Córdoba), dado que la familia materna de Sofía es cordobesa y se dedica al vino, iba a encontrar su sitio. 

Y después de media década comercializando vinos con personalidad decidieron dar un paso más y crear un caldo propio producido en una bodega de su entera confianza, y que además incorporase su otra pasión: la marihuana. Así, comenzaron a trabajar con Bodegas Cabriñana, una bodega de tradición familiar situada en la sierra de Montilla, Córdoba. “Allí, solo trabajan con la uva Pedro Ximenez, y todo el proceso es natural, sin alcohol añadido”, explica Sofía.

“Además, es una bodega que apuesta por lo nuevo y lo diferente”, reconoce. La innovación se mezcla con la tradición, ya que los de Cabriñana operan desde 1925 y producen según los estándares de la Denominación de Origen Montilla-Moriles. Un sello distintivo de estos productores de vino es el amor por el Rock. De hecho, esta inclinación musical se expresa incluso en el propio nombre de la bodega que se auto denomina Bodega Rockera. Pero no sólo ahí. También en los conciertos en directo que ofrecen durante las visita guiadas a su lagar. 

Con ellos entonces, han colaborado para elaborar el vino cannábico Carnival. Emplean para su elaboración uva Tempranillo y Syrah, y Cannabis Xativa L cultivado en Alpujarras, Granada. En ambos casos siguen parámetros orgánicos de cultivo, desprovistos de pesticidas químicos para salvaguardar la salud de las parras y el cannabis, y emplean sulfitos para prevenir las plagas en tierra.

Respecto a la marihuana, en lo referente a los cannabinoides presenta unos niveles de THC del 0,12% y de CBD del 4,31%.Para maridar ambos olores, las uvas se maceran con cannabis en acero durante varios días. Uno de los aspectos que más apreciaron de esta variedad fue la carga terpénica, dado que, se´gun dice Sofía, tienen “mucho en cuenta los terpenos, porque en el vino el aroma importa mucho”.

Fuente: Diosa Verde


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