Contaminantes químicos. Los metales pesados

Algunos metales pesados que pueden encontrarse en los vegetales cultivados y, en particular, en el Cannabis, son el plomo, el cadmio, el mercurio y el cromo. Estos metales se acumulan en diferentes partes del organismo humano, el cual tarda mucho en eliminarlos. Cuando se alcanzan determinados niveles de estos tóxicos se producen desequilibrios metabólicos que conllevan al envenenamiento. Por ejemplo, la intoxicación por plomo se denomina saturnismo y se caracteriza por una acumulación de este metal en sangre, tejidos blandos y huesos, provocando determinados desórdenes fisiológicos y pudiendo llegar a causar la muerte.

No todas las plantas toleran ser cultivadas en altas concentraciones de estos contaminantes. Sin embargo, la planta de Cannabis es bastante resistente a ellos. Esta propiedad, sumada a su rápido crecimiento, ha hecho que el cáñamo haya sido estudiado para su uso en fitorremediación. La fitorremediación consiste en cultivar plantas en suelos contaminados de forma que estas absorban los metales pesados y otros contaminantes, produciendo una descontaminación del suelo. El tratamiento posterior de estos vegetales permite la eliminación controlada de los contaminantes. También pueden usarse como materia prima para fabricar determinados productos no destinados a ser consumidos. Se ha demostrado la capacidad de la planta del Cannabis en absorber cesio radiactivo.

La acumulación en las plantas de estos metales pesados es debido al cultivo en suelos contaminados, por el uso de aguas contaminadas o por la aplicación de fertilizantes de baja calidad.

Algunos contaminantes químicos no metales. Arsénico, nitratos y nitritos

Contaminantes en cannabis

Penicillium. Imagen cedida por Peter Halasz


La contaminación del agua por arsénico es mucho más común de lo que pensamos. De hecho, hay varias zonas de España que presentan aguas contaminadas con arsénico. El caso más reciente es en Galicia, en la que una antigua explotación minera de oro produjo la contaminación de las aguas con arsénico. El oro en estas minas forma parte de la arsenopirita, la cual pulverizan y lavan para aislar el metal preciado. El consumo de arsénico se relaciona con cáncer de piel y otras dolencias. Las plantas absorben de forma natural el arsénico que acumulan en sus tejidos, por lo que es necesario evitar la utilización de aguas subterráneas o pozos de las que desconocemos si existe presencia de este elemento. Los suelos también pueden estar contaminados con arsénico.

Los nitritos son una forma en la que el nitrógeno está presente en los vegetales. Los cultivos requieren determinadas cantidades de nitrógeno para un correcto crecimiento. Cuando aplicamos abonos con nitrógeno orgánico, este es transformado en el suelo en amonio, nitritos y nitratos en el proceso denominado nitrificación. Una gran parte del nitrógeno que aplicamos a nuestras plantas es absorbido en forma de nitratos, aunque también pueden absorber cantidades importantes de amonio y de nitritos.

Cuando los nitratos entran en nuestro organismo una parte puede llegar a transformarse en nitritos. La combinación de nitrito con ciertas aminas orgánicas puede dar lugar a nitrosaminas, sustancias con alto poder cancerígeno.

Residuos de pesticidas

El Cannabis destinado a ser consumido no debería contener residuos de pesticidas. Existe la creencia que respetando el plazo de seguridad que marca el envase del pesticida ya es suficiente y que no va quedar ningún residuo en la planta. Esto no tiene porqué ser cierto.

En los insecticidas químicos siempre aparece una lista de cultivos autorizados en su envase, en la que se especifica aquellos cultivos en los que se puede aplicar el pesticida. El motivo
de que no se pueda aplicar a otros cultivos es debido al límite máximo de residuos. Dependiendo de la especie vegetal que ha sido tratada con el mismo producto insecticida, puede llegar a presentar una cantidad diferente de residuos en el producto final.

En Cannabis, no hay estudios que indiquen cuál es la cantidad de residuos que quedan después de haber aplicado determinado insecticida. De esta forma, no sabemos cuánto residuo podemos llegar a ingerir. El plazo de seguridad que aparece en la etiqueta no es de aplicación al Cannabis ya que solo es aplicable a los cultivos autorizados que aparecen en la etiqueta.

Contaminantes biológicos

Son aquellos microorganismos (bacterias, hongos y levaduras) que pueden encontrarse en el producto final.

Durante el cultivo, la plantas pueden desarrollar diversos patógenos vegetales, principalmente hongos. Sin embargo, estos hongos que únicamente atacan a especies vegetales no suelen ser patógenos de seres humanos, pero su inhalación o la de sus esporas puede provocar graves reacciones alérgicas. Existe una enfermedad denominada cannabinosis que es específica de aquellos que trabajan con fibras de cáñamo y que inhalan las partículas que hay suspendidas en el ambiente. El síntoma principal es una importante insuficiencia respiratoria. Algunos investigadores señalan a los microorganismos que puede haber presentes en dichas partículas como los responsables de esta enfermedad. Hay algunos patógenos vegetales que producen toxinas como, por ejemplo, el Trichothecium roseum u oidio rosa. Un producto final destinado a ser consumido debería contener la mínima cantidad de restos de estos patógenos vegetales.

En EEUU se realizó un estudio para comprobar qué tipos de microorganismos se encontraban en el ambiente de los cultivos de interior de Cannabis. Los resultados mostraron que había hasta 100 veces más esporas de hongos del género Penicillium en el ambiente de los cultivos de interior que en el exterior. Este hongo se encuentra principalmente en la tierra y en los sustratos, pero sus esporas pueden ser liberadas fácilmente al ambiente. Aunque algunos hongos de este género son utilizados para la fabricación de quesos, otros producen toxinas que pueden causar graves daños a la salud. También encontraron que la manipulación de la cosecha para el manicurado, secado, etc. provocaba una liberación de esporas que podía llegar a alcanzar una concentración de hasta 500.000 esporas por metro cuadrado. Los investigadores del estudio recomiendan el uso de mascarillas durante la manipulación de la cosecha ya que esta elevada concentración de esporas puede provocar reacciones alérgicas e hipersensibilidad a los operarios

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