En general, los compuestos iniciales trataban de imitar la estructura química del Δ9-THC para intentar reproducir los efectos fisiológicos del cannabis natural. Sin embargo, hay que dejar claro que estas sustancias no son marihuana ni cannabis, y que tampoco son sustancias naturales. Además, el potencial consumidor debe saber que normalmente son mucho más potentes que el cannabis natural o sus derivados, dado que se unen con mayor afinidad a los receptores cannabinoides cerebrales, y además son capaces de activar otros receptores sobre los que no actúan los componentes naturales de la planta. El efecto de estos compuestos suele aparecer más rápidamente que si se consume cannabis natural, aunque en algunos casos su duración es menor. Tanto el comienzo de los efectos como su duración dependerán habitualmente de la vía de administración, que en el caso de los cannabinoides sintéticos suele ser fumada, inhalada o por vía oral.

A principios del siglo XXI diferentes mafias de la droga utilizaron la información científica publicada sobre estos compuestos para sintetizarlos en laboratorios clandestinos e introducirlos en el mercado negro como alternativas “legales” o “seguras” al cannabis. Una vez sintetizados, los cannabinoides sintéticos son disueltos en etanol o acetona y pulverizados con un spray sobre una mezcla de plantas secas para ser comercializados falsamente como incienso o productos herbales. También pueden ser vendidos en forma líquida para ser vaporizados e inhalados en cigarrillos electrónicos y otros aparatos (inciensos líquidos). Estos cannabinoides sintéticos se venden en internet a través de diferentes páginas web, o en determinadas tiendas especializadas, bajo una variedad de nombres comerciales como “Spice”, “Black Mamba”, “Joker” o “K2”. Estos productos son habitualmente etiquetados con una advertencia de que no son “para consumo humano” como salvaguarda legal, aunque tanto quien los vende como quien los compra saben muy bien que van a ser consumidos por personas. Las etiquetas también dicen frecuentemente que estos productos contienen materiales “naturales” tomados de una variedad de plantas. Sin embargo, la única parte de los mismos que es natural es la mezcla de plantas secas a la que han sido añadidos. Los diferentes compuestos químicos incluidos en cada producto, así como sus concentraciones son tan variables entre las diferentes presentaciones que los efectos finales en el consumidor son impredecibles. En muchos casos un solo producto puede contener una mezcla de tres o cuatro cannabinoides sintéticos distintos, o incluso pueden aparecer también mezclados con otro tipo de sustancias psicoactivas como mefedrona, metanfetamina o piperacinas. Además, el proceso de fabricación clandestino de estos productos puede acarrear una distribución desigual de las sustancias sintéticas dentro de la mezcla de hierbas. Por ello, algunos productos pueden tener partes en las que el cannabinoide sintético esté mucho más concentrado, de modo que las dosis son mayores de lo previsto y existe un mayor riesgo de aparición de efectos adversos graves.

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