Cada día escuchamos de un nuevo desastre ambiental ocasionado por el mal manejo de los recursos naturales. Mucho de esto ocurre por la irresponsabilidad de industrias de todo tipo: cosméticos, ganadería, producción de plástico, maderería, etc. La industria cannábica no es la excepción, y de hecho los especialistas apuntan a que si continúa creciendo de esta forma, será una de las que más daño hagan a nuestro planeta.

Y dado que la industria apenas será regulada en México, es excelente momento para revisar cuáles son las prácticas no-sustentables a las que se enfrentan los mercados legales de lugares como Colorado o Canadá.

¿Cuál es el impacto ambiental que genera el cultivar, procesar y distribuir la marihuana desde un marco legal? Veamos:

Las luces 

Cultivar marihuana sin luz es imposible. Se trata de uno de los principales recursos, pues la cantidad de energía lumínica que reciben las plantas es directamente proporcional a la calidad de los cogollos que producirán. Y no basta con que sea buena luz, también se debe controlar la cantidad de horas que reciben dicha luz para llevar correctamente los distintos periodos de crecimiento (germinación, vegetación, floración, etc.).

De acuerdo a un estudio publicado en la revista Energy Policy, la producción de un kilo de marihuana deja la misma huella de carbono que el recorrer Estados Unidos en automovil siete veces. Y para producir un gallo se necesita la misma energía que ocupa una bombilla encendida durante 25 horas. 

En parte, esto se debe a que la mayoría de los cultivos en interior ocupan sofisticados sistemas de ventilación, regulación de humedad, iluminación e incluso generadores de dióxido de carbono para estimular el crecimiento de las plantas. Un reporte titulado “Iluminando Cannabis: El futuro de la Energía en la Industria” realizado por el Resource Innovation Institute, asegura que alrededor del 1% de la energía producida en Estados Unidos se utiliza para crecer plantas de marihuana.

Hay quienes piensan que esto podría terminar una vez que la legalización ocurra a nivel federal, pues permitiría crear los incentivos necesarios (como reducción de impuestos) para que las empresas comiencen a contemplar energías limpias. Por ejemplo, la instalación de paneles solares.

John Kagia, director de Resource Innovation Institute, comentó al Washington Post, que actualmente el gasto en energía representa la mitad de los precios de venta de la marihuana.

Lámparas: LED vs HPS vs Mercurio Halogenado (MH)

Para cultivar marihuana hay tres opciones de lámparas.

Las primeras que conocimos fueron las de alta presión de sodio (HPS) y de mercurio halogenado (MH). Estas necesitan una de la otra, pues las MH cubren el espectro de luz necesario durante la etapa de vegetación, mientras que las HPS son ideales para la etapa de floración. Además, son las que mayor gasto energético implican.

Por otro lado, las lámparas de LED son relativamente nuevas. Su luz cubre el espectro necesario para ambas etapas, y no gastan tanta energía.

Sin embargo, muchos cultivadores se resisten a usar este tipo de lámparas pues han notado que no generan el mismo rendimiento al final de cada cosecha. Entonces, puede que el usar LED implique un mayor gasto a final de cuentas si es que necesitan más lámparas para iluminar más plantas y cubrir la cuota de producción esperada.

Y si tomamos en cuenta la alta competencia del mercado, podemos ver cómo pocos son los dispuestos a arriesgarse a intentar otras formas de producción si implica la posibilidad de dañar la salud financiera de su negocio.

Los terpenos contaminantes 

Por contradictorio que parezca, las plantas también pueden contribuir a la producción de contaminantes. Esto, por la generación de los llamados Compuestos Orgánicos Volátiles (COV). Cuando los COV´s se mezclan con el nitrógeno emitido por autos y otras fuentes industriales, reaccionan de tal forma que crean moléculas de ozono, una molécula peligrosa cuando se encuentra a nivel dell suelo.

Y para infortunio de todos nosotros, los terpenos son uno de estos COV´s.

El científico William Vizuete publicó una investigación en la revista Atmospheric Environment. Allí sugiere que los más de 600 cultivos en interior de Denver podrían empeorar la contaminación del aire en la ciudad, lo cual violaría los límites federales. Vizuete señala que, en el peor de los escenarios, las plantas podrían llevar los niveles de contaminación hasta el doble de lo que actualente se encuentran.

De igual forma, el proceso de extracción para concentrados de cannabis (como el BHO) utiliza solventes que eventualmente son liberados al ambiente.

Los empaques 

Otro de los puntos que ha sido señalado como una práctica no-sustentable tiene que ver los empaques en que se vende la mota legal.

Por ejemplo, en Canadá es un requisito que la marihuana se venda en contenedores a prueba de niños. Esto implica una gran producción de empaque de plástico que en la mayoría de los casos son desechables. Hay quienes exigen que éstos se comiencen a re-utilizar o fabricar con materiales más amigables con el ambiente.

Las limitantes

Muchos de estos investigadores aclaran en sus publicaciones que una de las grandes limitantes para encontrar alternativas más limpias es la prohibición.

Por un lado, esto limita los recursos a los que los científicos pueden acceder para continuar con su trabajo. Por otro, no existen las regulaciones necesarias para controlar el impacto ambiental que la industria está generando.

Por ejemplo, para reducir la emisión de COV´s, el gobierno de Colorado recomienda usar filtros de carbono de alta eficacia, los cuales contendrían desde un 50 hasta un 98% de dichos compuestos. Esta y otras prácticas podrían volverse obligatorias bajo el correcto marco regulatorio. 

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